The way That Hurts

Enzo y koneko



The Way That Hurts

No funcionaban como pareja, lo habían intentado un millar de veces y siempre acaban dañandose, llorando y rabiando por los fallos que habían tenido y de los cuales no se arrepentían. Había sido así desde la secundaria, aquel maldito club, aquel grupo, aquel niño alto que parecía no haber roto un plato y aquella niña alegre que desafiaba a todos. Estaban destinados a quererse, pero no a convivir.

Con el paso de los años la cosa había empeorado, ella independiente y el un rebelde indomable. Las mujeres le enseñaron que no había que tomarlas en serio y ella aprendió que solo los maduros le interesaban. Llenando  de arena sus corazones que les hacia arrastrar los pies al caminar, envidiando las parejas que veían cuando miraban por los costados pero incapaces de tratar ser una de ellas.

Solo ellos podían tener la genial idea de vivir juntos, dos personas incompatibles que planearon ser amigos en un piso de una cama.  Poco a poco el ambiente se fue encrudeciendo, cada comentario era dicho con segundas o interpretado con terceras. Se miraban desafiantes, incapaces de alargar la mano para acariciar ese rostro, incapaces de sentarse uno al lado del otro a ver una simple película. No tenían tiempo y solo eran amigos. Esas mentiras que siempre se dicen intentado creerlas cuando en realidad no eran mas que un cristal sucio que enturbiaba la verdad.  Inseguros de ellos mismos y dolidos por echos del pasado que no conseguían perdonar.

Poco a poco las rutinas cambiaron. Ella empezó a trasnochar, evitaba llegar a casa alargando la hora esperando  el callado acuerdo en que el se levantara antes, creando así un código entre ambos. Cambiando sus horarios de la noche al día. Se dejaban mensajes en la nevera, o en el contestador incapaces de mirarse ni siquiera para decirse dos palabras, temerosos de caer de nuevo en la tentacion. Sus cuerpos se atraían, querían estar juntos, de hecho cuando lo estaban, ambos casi acababan llorando, era maravilloso; pero por desgracia tras esos segundos luego siempre se rompía la magia, uno de ellos soltaba una piedra que rompía la pequeña y frágil paz iniciando de nuevo la guerra.

Ella llevaba hombres a casa durmiendo en la única cama. El simplemente bebía y los odiaba, buscándolos hasta acabar peleándose con todos ellos. Cuantas eran las noches que esperaba en la puerta torturandose al escucharles. El ligaba y regresaba a casa acompañado y ella simplemente dormía en la oficina, con la botella en la mano y el teléfono al lado deseando llamarlo, sentada en el suelo con las medias rotas y miles de excusas para hacerle llegar hasta allí.  Excusas que jamas usaba, que morían en su boca cubiertas de ácidas lágrimas que se bebía junto con el resto de la botella hasta llegar la madrugada.

Vivían en un campo de minas y no se preocupaban por donde pisar. Los días libres procuraban quedar con los amigos pero compartirlos complicaba las cosas. Turnandose  como en una custodia. Intentando no saltarse las reglas, no sobornando ni invitando para no crear un precedente ni favorecer que tuvieran ganas de quedar mas con uno que con otro. Tan compenetrados en estas cosas tan estúpidas que llegaron a redactar un conjunto de reglas, mandándose las ideas por email.

No podían verse pero al mismo tiempo, creer que uno de los dos dejara el piso era impensable para ellos. Todo el mundo les había aconsejado, que se marcharan cada uno por su lado, argumentando que acabarian destruyéndose uno a otro, como si ya no lo hicieran. La banda encontraría otro manager y ella encontraría otros representados, pero siempre se negaban a hacerlo. Incapaces de cortar el único vinculo que tenían para sentir que eran parte el uno del otro en algo. Divorciados sin estar ni siquiera casados.

Finalmente el llego un día a casa metiendo la llave en la puerta y entro en el pequeño piso encontrándolo diferente. Le faltaban las mil veces dañadas figuras, hechas añicos en batallas anteriores. Pensó que tal vez su dueña había decidido retirarlas definitivamente; en vez de exibir los premios de “ aquí le golpee en la cabeza” como ponían las etiquetas que solo buscaban enfurecerle. Miro en la habitación y el armario estaba abierto sin ropa femenina alguna. Rebusco entre la ropa sucia, pero solo habían sus típicas ropas negras, su kimonos y sus trajes de cuero. Aturdido se sentó a la batería, aquel instrumento que ya no usaba, víctima de una de sus discusiones como bien mostraba la reparación del cuero en el redoble. Sobre una mesa el único símbolo de paz que habían tenido: Un botón del uniforme masculino del instituto. No había carta, no había despedida...

Ella corría cuanto sus tacones le permitían por el anden hacia su pista de embarque mirando hacia atrás por primera vez en su vida. Esperaba una aparición de película; un grito desgarrado y verle corriendo hacia ella. Se coloco las gafas de sol que le había robado, sonrió para si misma y reemprendio la marcha. Ya ante la puerta se volvió a girar, se mordió el labio impaciente, sus últimos minutos le parecieron horas. Se arrepentía de hacerlo, quería regresar y decirle intentemoslo otra vez pero sin embargo estiro la mano  y le dio a la azafata el billete subiendo al avión.

Tras una columna el la observo marchar con el puño clavado en la pared mientras apretaba la mandíbula para atar su lengua, para no gritarle, traicionado por su partida. Habían llegado a creer que pasarían la vida juntos... matándose y odiándose. Miro una ultima vez la parte de su anatomía que mas conocía, la espalda le despidió con el contoneo de los pasitos antes de entrar y el simplemente le regalo sus lágrimas desde su escondite.

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Me apetecía mostrar un poco de uno de mis personajes, Koneko (la chica), el pertenece a Balerog. Ella y Enzo viven una especie de relación tormentosa llevada al limite. Se conocen desde el instituto donde todos pertenecian al club de coro (XD). 

Gracias por leer , espero que os guste.

2 comentarios:

  1. magistral clase de escritura, de lo mejor que te e leido. 9'99 sobre 10

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