Zapatos.org: Cenicienta Wannabe

-Imposible, es realmente imposible, ¿Como pudiste perderlo y no caer en la cuenta?
Mire hacia el suelo, mis pies desnudos jugueteaban entre ellos, entrelazando mis pequeños dedos. Sentía el rubor subir hacia mis mejillas, fruto del reproche y de la vergüenza al recordar porque había regresado tarde y con un zapato de menos. Y la cosa no acababa ahí. Probablemente algunos paparazzis nos habían fotografiado. Ya veía las portadas...
- ¿Me estas escuchando? - Madrina me apunto con su indice acusador, frunciendo el ceño, pero yo, sumida en mis recuerdos azucarados y caldentes solo trataba de rebobinar la cinta de mi memoria. Recordaba el sobre en el buzón de mi casa, con su olor y sedoso tacto que incitaban abrirlo. Ni siquiera mire a quien iba dirigido, era mío y punto. Momentos después leí atónita como por mi blog había sido invitada a una fiesta. Ese cantante que raras veces se acercaba a España preparaba una presentación de su disco.
No recuerdo demasiado bien los siguientes sucesos, a excepción de los gritos, roturas de un par de vasos producto de mis manos nerviosas. Luego recuerdo que caí en la cuenta ¡¡No estaba preparada!!. Grite por la ventana, mi vecina, Madrina, asomo su redondo rostro y me aconsejo. Siempre he sabido que ella entendía de todo esto de la moda. Yo tome una libreta y fui anotando hasta que oí su cantarina risa casi a mi lado, llamando a mi puerta. Me secuestro vilmente llevándome a comprar. Para ese día debía ser una princesa, refinada, alta y culta. El refinamiento fue sencillo de adquirir, nada que un vestido ajustado no arreglara. La cultura, dijo, era algo propio de cada individuo, así que rezo a sus dioses para que yo no hiciera demasiado el ridículo. Pero la altura...eso era harina de otro costal. Para eso se necesitaba una fina herramienta, unos buenos zapatos.

No os creáis que fue tarea fácil, aquellos que ella adoraba, yo los odiaba. Los otros eran insoportables. Así que finalmente, todo quedo en un consenso. Cuando observamos el modelo Tirion en mi talla 39 supimos que estábamos hechos para arrasar:
¡¡Con estos zapatos nada podía salir mal!! Así que unas pocas horas después y tras una gran tortura de maquillaje, peinado y avituallamiento, Madrina me dio su visto bueno para salir, prestándome las llaves de su Aston Martin porque mi coche le parecía una basura para ir como complemento a mi atuendo. Pensé porque Madrina seguía viviendo en un piso de 30 metros si podía disponer de un coche así...aunque no por mucho tiempo pues cuando me di cuenta, estaba dentro de el, siendo conducida por Anton , marido de Madrina, hacia la recepción.
El lugar estaba repleto de gente, tantas caras, alguna conocida blogger a la cual yo seguía. Y allí, al final de todo, con su copa en la mano estaba El. Sus asiáticos ojos parecieron cruzarse levemente con los míos, pero tal vez no fue mas que una ilusión. Intente concentrarme en todos esos alimentos que había en los caterings, cientos de dulces que mi dieta me prohibía catar. Hice una mueca de desagrado, mientras miraba a derecha y...derecha de nuevo pues El estaba allí. Me comporte como una estúpida, y di un paso hacia el lado contrario, alejándome levemente, como si eso no hubiera sucedido y trate de juguetear con la comida, llenándome la mano de la crema de un cupcake de esos que rehuía tomar. Mire mi mano con desagrado, mire mi vestido. No era plan de limpiarse encima de la ropa. Pero allí no habían servilletas, adoro las servilletas... máxime cuando estas ante tu ídolo, con una mano llena de crema y encima es super calorico para ti. Gemí con fastidio levemente, dando la espalda esperando que no me viera, mientras inconscientemente lamia mis dedos. El volvió a cruzarse ante mi, sonriendo y apartándome la mano, para probar la crema. Le deje, claro que le deje. Si un famoso te quiere chupar el dedo te dejas, y le sonries, y luego sigues dejandole y...
... acabáis medio desnudos tras un seto del lugar, tu encima, por supuesto. Como si tu vestido rosa chillón no llamara la atención. Como si los paparazzis no estuvieran al quite y al oírte, se acercaran a inflaros a fotos. Y tu, cual rea fugada, huyes, agarrando tus bragas, tu zapato, subiendo y bajando tu triunfante vestido mientras te tiras en el coche que Anton conduce a regañadientes y que ya no te parece tan glamouroso, mas acercado al nivel de vida de tu vecina.
Y asi, acabas en el momento actual donde Madrina te regaña por haber perdido uno de los zapatos y tu avergonzada intentas no contarle la forma en que lo perdiste. Aunque, conociendo a Madrina sabes que se alegraria por ti. Alzo el rostro, mordiendome el labio y lanzandole una mirada picara y complice.  Madrina capta el gesto y arruga la nariz mientras me toma por la barbilla y con el ceño fruncido me habla lentamente.
- Ni se te ocurra, jovencita.
- ¡Oh! Vamos, dejame jugar un poco...- Digo mientras me la llevo a la cocina, mirando de nuevo el zapato solitario, que me responde a su vez con cierto rubor en sus costados, tal vez avergonzado por la escena que presencio la noche anterior.

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Bueno, este relatillo (no se cuanto de corto) es para el concurso de la pagina Zapatos.org en el cual, intento al menos participar con una visión bastante propia de cenicienta :P

2 comentarios:

  1. Me gusta un mucho tu visión de la cenicienta
    suerte con el concurso!
    me has dado ganas de participar *.*

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  2. al final no gane el concurso, la talla del zapato era una 40 ains ains.Pero me lo pase teta participando, y mas si es de escribir un relato.

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